Las fiestas del pueblo. Las romerías. Las plazas llenas. Las orquestas. Los ventorrillos. El coche con el megáfono anunciando que las fiestas ya habían empezado.
Generaciones enteras han crecido alrededor de esos encuentros. Son parte de la memoria colectiva de las islas. Lugares donde se mezclaban vecinos, amigos, familias y desconocidos. Donde se bailaba, se brindaba, se estrenaba ropa nueva y se volvía a casa de madrugada.
De los objetos que siempre estuvieron presentes: el sombrero para el sol, la toalla después de la playa, el vaso que te acompañaba toda la noche, la bolsa donde acababa guardado todo.
Objetos sencillos que forman parte de una manera muy canaria de vivirnos.